Crear un negocio de velas en Estados Unidos no era parte del plan de esta madre cubana de 37 años.
Su historia, compartida en un video de TikTok, no comenzó con una idea de negocio ni con un sueño emprendedor claramente definido.
Comenzó con una crisis, una decisión difícil y con una prioridad absoluta: su hijo.
“Soy cubana, tengo 37 años y hoy te quiero contar cómo inicié mi negocio de velas en los Estados Unidos.”
Detrás de esa frase hay una historia de dolor, reinvención y fortaleza.
El momento en que su vida cambió por completo
Todo cambió cuando su hijo tenía apenas 16 meses.
Fue diagnosticado con diabetes tipo 1 y ese momento marcó un antes y un después.
Hasta entonces, ella tenía un salón de uñas con clientela fija, había construido estabilidad y tenía un negocio funcionando.
la enfermedad de su hijo cambió completamente su realidad.
“El proceso fue muy duro”, comenta.
Durante mucho tiempo su hijo estuvo inestable, la que la obligaba a vivir pendiente de su salud, emergencias, citas y cuidados constantes.
Poco a poco sostener el negocio se volvió cada vez más complicado.
Tenía que cancelar clientes, reorganizar horarios, improvisar…
Hasta que llegó un momento en el que entendió que no podía seguir sosteniendo ambas cosas.
“Decidí dejarlo todo para dedicarme a él por completo.”
Fue una decisión difícil pero también inevitable.
Cómo nació el negocio de velas
Después de un tiempo enfocada completamente en su hijo, apareció algo inesperado: una publicidad sobre un curso de velas y a pesar de no tener experiencia en el tema decidió probar suerte a ver qué sucedía.
“No sabía nada del tema, pero algo me llamó la atención.”
En ocasiones los grandes cambios empiezan con algo pequeño y casi casual, así que decidió intentarlo y apostar.
Comenzó con pocos materiales y sin grandes expectativas pero mucha curiosidad, sin embargo el destino le reservaría una gran sorpresa.
“Descubrí que hacer velas me daba una paz increíble.”
Después de una etapa tan emocionalmente intensa, esta paz significaba más de lo que imaginaba.
La prueba que cambió su destino
Para saber si valía la pone o no dedicarse a este mundo, decidió ponerse una meta.
Se acercaba el Día de las Madres así que preparó una pequeña producción y se hizo una promesa:
“Si se vendía todo, me dedicaría a esto.”
No era solo una prueba comercial, también era una señal personal. Una forma de saber si ese nuevo camino realmente tenía sentido.
“Todo se vendió en un solo fin de semana.”
Fue este el momento que lo cambió todo: “Entendí que no era casualidad.”
Hoy han pasado ocho meses desde entonces y cada día tiene más claridad; encontró algo más que un negocio.
Encontró propósito, calma y una nueva versión de sí misma.
Hay momentos en los que la vida te obliga a detenerlo todo, cambiar de dirección y empezar desde cero.
Y aunque en ese instante todo parezca una pérdida, también puede convertirse en el inicio de algo inesperado.
No siempre elegimos cómo empieza un cambio pero sí podemos decidir qué construir a partir de él.




