Un negocio de máquinas expendedoras nunca estuvo entre los planes de este inmigrante cuando llegó a Estados Unidos con una mochila, sin hablar inglés y sin conocer a nadie que pudiera orientarlo.
Lo único que tenía claro era que debía trabajar para salir adelante.
«Si hubiera sabido esto cuando llegué a este país, me habría ahorrado años de frustración, errores y dinero perdido», reconoce hoy al mirar hacia atrás.
Durante mucho tiempo hizo lo mismo que hacen miles de inmigrantes al llegar: aceptar cualquier oportunidad.
Trabajar sin parar no siempre significa avanzar
Su rutina estaba lejos de ser sencilla. Pasó por empleos como valet parking, repartidor, construcción y electricidad.
Las jornadas podían superar fácilmente las 14 horas: «Trabajaba como 14 horas diarias y aun así vivía al día», recuerda.
Mientras cumplía esos horarios interminables, no dejaba de preguntarse cómo construir una vida diferente.
Quería encontrar una forma de generar ingresos sin depender exclusivamente de cambiar horas por dinero.
La respuesta apareció donde menos la esperaba.
Una escena cotidiana le mostró otra forma de generar ingresos
Un día observó a una persona abrir una máquina expendedora para retirar el dinero acumulado; aquella imagen despertó una idea que nunca antes había considerado.
«Eso me voló la cabeza. Esa persona no estaba ahí vendiendo, solo pasaba una vez por semana a recoger el efectivo», explica.
Fue la primera vez que entendió que existían modelos de negocio capaces de seguir funcionando incluso cuando el propietario no estaba presente.
Decidió investigar, compró sus primeras máquinas y, como ocurre con muchos emprendedores, el comienzo estuvo lleno de errores.
«Empecé sin saber nada. Compré mis primeras máquinas, me equivoqué y perdí dinero.»
Sin embargo, nunca pensó en abandonar.
Cada error terminó convirtiéndose en una lección para el siguiente paso.
Aprender del camino también forma parte del éxito
Con paciencia comenzó a mejorar sus procesos, entender el negocio y encontrar nuevas ubicaciones para sus máquinas.
Poco a poco dejó de sobrevivir para empezar a construir.
Hoy cuenta con más de cien máquinas expendedoras funcionando, dos camiones y un negocio que le permite administrar su tiempo de una manera muy distinta a la de aquellos primeros años.
«No paré. Fui aprendiendo, corrigiendo y creciendo».
Al mirar atrás no cree que exista una fórmula mágica. Lo que sí reconoce es que muchas dificultades podrían haberse reducido si hubiera contado con alguien que lo orientara desde el principio.
«Busca asesoría de alguien que ya recorrió ese camino paso a paso», aconseja.
Su historia demuestra que muchas veces una oportunidad aparece en el momento más inesperado. Solo hace falta detenerse a observar aquello que otros pasan por alto.
En ocasiones, un cambio de vida no comienza con una gran inversión, sino con una idea que transforma la manera de mirar el trabajo y las oportunidades.




