Emprender en Estados Unidos no estaba en los planes inmediatos de Laura cuando dejó Colombia para comenzar una nueva vida.
Como muchos migrantes, al llegar tuvo que enfocarse primero en lo urgente: trabajar, generar ingresos y adaptarse a una realidad completamente distinta.
Durante esa etapa hizo de todo: trabajó como niñera, cuidó perros, fue embajadora de marca y aceptó prácticamente cada oportunidad laboral que aparecía.
Así resume ella una etapa marcada por la adaptación, el esfuerzo y la necesidad de salir adelante.
Aunque estaba trabajando, había algo dentro de ella que seguía incompleto: sentía que avanzaba, pero no hacia la vida que realmente quería construir.
“Trabajé en cualquier trabajo que me salía como todo emigrante”
Hasta que un día se dijo algo que cambió todo: “No estoy cumpliendo mis sueños.”
Ahí comenzó su verdadero punto de inflexión.
De sobrevivir a construir algo propio
Tomar la decisión de renunciar no fue fácil; había miedo, incertidumbre y muchas dudas.
Pero había una convicción cada vez más fuerte: no quería seguir postergando lo que realmente deseaba.
Curiosamente, la idea de su negocio nació de una experiencia muy personal.
Desde que llegó a Estados Unidos, notó que su cabello comenzó a deteriorarse. Ese cambio la llevó a retomar algo que conocía desde hace años: el cuidado capilar natural.
Tónicos caseros, mascarillas con romero, tratamientos con aloe vera.
Todo ese conocimiento que había acumulado con el tiempo empezó a cobrar un nuevo sentido.
“Tenía el sueño de crear una marca papilar con esos mismos beneficios.”
Con más tiempo disponible, comenzó a investigar seriamente.
Escribió a laboratorios, pidió cotizaciones, comparó opciones, hizo preguntas, hasta que finalmente recibió la respuesta que necesitaba cuando un laboratorio le confirmó que sí podían desarrollar el producto que ella tenía en mente y ese fue el inicio.
El crecimiento de una marca con identidad propia
Según cuenta Laura en tu video, el primer producto que lanzó fue un shampoo vegano. No sabía con certeza cómo reaccionaría el mercado, solo sabía que quería intentarlo.
La respuesta fue mejor de lo que esperaba. Las personas comenzaron a comprarlo, probarlo y recomendarlo.
Eso le dio confianza y le confirmó que iba por el camino correcto. Aun así, el crecimiento no estuvo libre de miedo.
“Me daba miedo sacar más productos pero me arriesgué”
Cada nuevo lanzamiento implicaba inversión, riesgo y presión pero decidió seguir apostando por su visión.
Primero lanzó un acondicionador, después un aceite capilar y poco a poco su portafolio comenzó a crecer, al igual que su marca y su comunidad.
Con cada producto, entendía mejor algo fundamental: no estaba vendiendo solo cosméticos, estaba construyendo confianza.
El verdadero valor de emprender con propósito
Cuando Laura habla sobre su negocio, no pone el foco únicamente en las ventas, habla de identidad, autenticidad y esfuerzo.
“Mi marca es algo que me identifica como persona.”
Esa frase explica gran parte de su crecimiento. Su negocio no nació desde una tendencia pasajera, nació desde algo que conocía profundamente, de una experiencia real que formaba parte de ella.
Durante mucho tiempo había compartido consejos capilares y conocimiento sobre el tema, por ello cuando lanzó su marca, muchas personas ya confiaban en su criterio.
Su comunidad sabía que hablaba desde la experiencia, la práctica, la credibilidad.
“Muchos negocios no prosperan porque no están alineados con la persona que los crea.”
Su historia muestra una realidad frecuente en Estados Unidos: emigrar obliga a comenzar desde cero, aceptar trabajos duros y adaptarse rápidamente.
Pero también demuestra que el miedo no siempre desaparece antes de dar el salto, a veces simplemente aprendes a avanzar con él.
“Tuve miedo, pero agradezco haberlo hecho aun con miedo.”
Ahí está una de las grandes lecciones de su historia: en ocasiones, emprender no empieza con capital ni con certezas.
Empieza con la decisión de creer en lo que sabes y atreverte a construir desde ahí.




